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Por Clara Martínez Verdún

Politóloga

La política en América Latina registró cambios muy notables con el avance de la democracia, que llegó en la década de los 80, pero con serios desafíos en materia de derechos humanos, gobernabilidad, participación ciudadana, combate a la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones del estado.

Los fenómenos políticos en la región son cíclicos y en muchas ocasiones se replican, dependiendo del contexto socio – político, los problemas sociales, el comportamiento y la participación de los ciudadanos en los procesos políticos, entre otros factores. Sin embargo, se ha registrado una fuerte polarización por parte de los electores latinoamericanos, por la falta de credibilidad de la clase política, la falta de respuesta a los problemas sociales y la crisis de representatividad, este último salpica a muchos líderes contemporáneos.

A partir del año 2022 en Sudamérica se vivió lo que se denomina “la segunda ola de progresistas”, con la vuelta al poder de Lula Da Silva en el Brasil (2023), la histórica victoria de Gustavo Petro en Colombia (2022) y la figura de Gabriel Boric en Chile (2022), que generó muchas expectativas por ser un líder joven y con mucha conexión con los electores.

Pero en el 2025 cambió el panorama político, y se vio apagada la ola progresista que salpicaba a la región. En Argentina había ganado los comicios del 2023 el derechista Javier Milei, en Bolivia este 2025 ganó Rodrigo Paz, quien destronó del poder a la izquierda, que gobernó ese país por casi 20 años con el Movimiento Al Socialismo, fundado por ex presidente Evo Morales.

El tablero político en la región registra cambios contundentes en cuanto a la línea ideológica, producto de las reacciones ciudadanas ante una clase política que no llenó las expectativas del pueblo. En los últimos comicios regionales se observa a un electorado totalmente polarizado y con tendencia a emitir lo que se denomina “voto castigo”, es decir, no vota por el que está en el poder y acude a la alternancia.

Las recientes elecciones en Chile, con la victoria de José Antonio Kast, considerado un líder ultraderechista, demuestra que los electores chilenos son pragmáticos, y simplemente apuestan por la alternancia, al votar por un candidato totalmente opuesto al saliente Gabriel Boric.

En la década de 1980, América Latina experimentó una transición significativa hacia la democracia, bautizada por Huntington (1994) como la “tercera ola de democratización”, porque varios países como Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, que habían vivido por muchos años bajo regímenes dictatoriales, comenzaron a establecer gobiernos democráticos.

Al empezar el siglo XXI, la mayoría de los países de América Latina habían establecido sistemas políticos democráticos. Sin embargo, la calidad de la democracia, el fortalecimiento de las instituciones, la transparencia en el manejo de bienes públicos sigue siendo uno de los principales desafíos que se tiene en la región.

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