El folclore es el alma viva de una nación, de un pueblo, pues en él se expresa la identidad que lo hace singular entre todos. Hoy, como cada 22 de agosto, el mundo entero se viste de fiesta para celebrar el Día del Folclore. 22 jasypoapy jave, oñegueromandu’a Tavarandu ára.
Mba’ére ko árape – ¿Por qué en este día?
Para poder adentrarnos en el tema, es importante remontarnos a sus orígenes. Y nos trasladamos hasta el siglo XIX, cuando justamente, un 22 de agosto de 1846, el investigador británico William John Thoms, en una publicación en la revista londinense The Athenaeum, publicó una carta firmada bajo el seudónimo Ambrose Merton, en la que utilizó por primera vez el término “folklore”.
Esta palabra fue formada mediante la unión de dos vocablos del inglés: folk, que significa pueblo, gente o comunidad, y lore, que significa saber, conocimiento o tradición. Traducida a nuestro dulce idioma guaraní, esta palabra se expresa como “Tavarandu”, término que representa ese conjunto de saberes, costumbres, tradiciones y expresiones que forman parte de nuestra identidad nacional, pe ojapóva ñandehegui paraguayo.
Aborozado, en este día, Paraguay también se viste de gala y se une a este bullicio. Con sus tradiciones, creencias y costumbres, fruto del sincretismo criollo-guaraní. Con sus danzas o jeroky, las religiosidades populares, las comidas típicas, donde en el único lugar la sopa es sólida, el tereré, el pohã ñana, sus artesanías, el ao po’i, el ñandutí, con su rica historia de sus héroes, la tierra del kuña guapa. Con la guarania, la polca paraguaya y algo que nos caracteriza en todo el mundo: nuestro dulce idioma guaraní.
Son algunas de nuestras ricas tradiciones y costumbres que son parte de nuestro folclore popular, que pervive a través del tiempo, gracias a la memoria colectiva que se transmite de generación en generación.
Hoy por hoy, más que nunca, nuestro país necesita la conservación de su folclore popular. Necesitamos urgentemente revivir nuestras costumbres, que pareciera que poco a poco se van debilitando. Para no dejarlas morir, necesitamos de un compromiso serio, para que aquellos que vendrán puedan seguir manteniendo esa esencia de paraguayidad.